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Rimas, trabalenguas y adivinanzas: 3 juegos de lenguaje para aprender jugando.

Durante mis años trabajando con niños, hubo tres recursos que utilicé muchísimas veces para captar su atención, invitarlos a participar y estimular distintas habilidades del lenguaje: las rimas, los trabalenguas y las adivinanzas.

Son juegos sencillos que no necesitan grandes materiales y pueden incorporarse fácilmente en una sala de clases.

Mientras los niños juegan, también escuchan, recuerdan, describen, amplían su vocabulario y comienzan a descubrir cómo funcionan las palabras.

 

1. Rimas: descubrir cómo suenan las palabras

Para mí, las rimas son uno de los juegos más fáciles de incorporar. Y si no encuentran una palabra que rime, muchas veces terminan inventando una nueva.

Un ejemplo típico es gato – pato. Al escucharlas, el niño comienza a darse cuenta de que esas dos palabras tienen sonidos parecidos.

A partir de ahí podemos buscar otras, compararlas y agruparlas según cómo suenan: ratón – botón – melón – camión.

Recuerdo que una actividad que les encantaba era jugar memorice con imágenes de las palabras que habíamos trabajado. Primero las escuchábamos, luego descubríamos cuáles rimaban y finalmente las volvíamos a encontrar a través del juego.

Las rimas también aparecen en canciones, poesías y libros infantiles. Es un recurso que me encanta utilizar al escribir, porque permite que los niños se involucren activamente en la lectura.

Esto se ve especialmente en Fiesta en la selva, donde las rimas acompañan la historia y nos permiten detenernos antes de algunas palabras para dejar que los niños escuchen, anticipen y descubran qué podría venir después.

A veces basta con hacer una pausa. Ese pequeño espacio permite que sean ellos mismos quienes comiencen a completar las frases y a jugar con los sonidos de las palabras.

maestra muestra imagenes a los niños 

2. Trabalenguas: ¿quién se atreve?

Aunque soy un desastre, los trabalenguas pueden transformarse rápidamente en un desafío y en un momento para reírnos.

Podemos comenzar despacio e ir haciéndolo cada vez más rápido. También se pueden acompañar de imágenes para que quienes todavía no saben leer puedan seguir la secuencia y verbalizarla.

Podemos comenzar con algo sencillo:

Paco pica pocas papas.

Y aumentar el desafío:

Bruno brinca sobre un banco,
baja del banco y vuelve brincando.

O probar:

Lola limpia lentamente
los lentes lilas de Lalo,
pero Lalo, muy ligero,
los vuelve a dejar de lado.

Equivocarse también es parte del juego. Muchas veces son justamente esos enredos de palabras los que provocan las risas y las ganas de volver a intentarlo.

maestra muestra trabalengua

3. Adivinanzas: aprender a observar y describir

Las adivinanzas nos permiten trabajar algo diferente: descubrir las particularidades de un objeto, animal, lugar o persona.

Para crear una, el niño necesita escuchar muchas adivinanzas y también observar y preguntarse:

¿Cómo es?
¿Qué hace?
¿Dónde lo encontramos?
¿Qué lo diferencia de los demás?

Los cuentos también pueden transformarse en un juego de adivinanzas. En ¡Mamá, adoptemos!, por ejemplo, Beatrice va pensando en distintas mascotas que le gustaría adoptar. Antes de descubrir cuál es, podemos detener la lectura y dar algunas pistas sobre sus características para que los niños intenten adivinar de qué animal se trata.

También están aquellas adivinanzas tradicionales que alguna vez escuchamos de nuestras abuelas y que han ido pasando de una generación a otra:

Una vieja con un diente
que llama a toda su gente.

La campana.

Son pequeñas frases que invitan a imaginar y buscar pistas escondidas en las palabras y que, además, nos permiten volver a compartir con los niños juegos que también fueron parte de nuestra infancia.

Maestra muestra animales sobre cabeza de niños

Jugar también prepara para leer

Rimas, trabalenguas y adivinanzas pueden parecer juegos muy simples, pero detrás de ellos ocurren muchos aprendizajes.

Los niños escuchan sonidos, comparan palabras, recuerdan secuencias, amplían su vocabulario, observan y expresan sus ideas.

Y lo mejor es que pueden aparecer en cualquier momento de una actividad.

Porque antes de aprender a leer las palabras, también necesitamos tener muchas oportunidades para escucharlas, descubrirlas y jugar con ellas.

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Mónica Tagle

Mónica Tagle es psicopedagoga, educadora y autora de literatura infantil con más de 25 años de trayectoria en educación temprana y procesos de aprendizaje. Como fundadora de Play Fun Learn Studios, se especializa en la creación de recursos educativos enfocados en la inclusión, la neurodiversidad y el bilingüismo. Su enfoque pedagógico combina su experiencia clínica y docente con una visión humana y empática, promoviendo el desarrollo emocional y el aprendizaje a través del juego en la infancia.

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