Esta semana estuve ordenando varias cajas con libros y, mientras las movía de un lado a otro, me acordé de todo lo que hacíamos con ellas cuando mis hijos eran pequeños.
Porque una caja nunca era solamente una caja. Antes de pensar en botarla o llevarla al reciclaje, ya había aparecido alguna idea: convertirla en una casa, un auto, un escondite o cualquier cosa que ellos pudieran imaginar.
Cuando una caja se transforma en un gran proyecto
Recuerdo especialmente una vez en que decidieron hacerle una casa a nuestro perro. Lo que parecía una actividad sencilla terminó transformándose en todo un proyecto.
Primero buscaron la mejor forma de hacer la puerta. Pensaron en su tamaño, dónde debía ir y cómo lograr que el perro pudiera entrar. Después se metían ellos mismos para probar el espacio, aunque la casa claramente no había sido construida para ellos.
Poco a poco la llenaron de dibujos por dentro y por fuera. Decoraron las paredes, agregaron detalles y fueron haciendo cambios hasta dejarla como querían.
Nuestro perro quizás no entendía muy bien lo que estaba pasando, pero ellos estaban felices creando algo especialmente para él.
Fue un momento de alegría y entretención. Hoy, al recordarlo, puedo reconocer todo lo que estaban aprendiendo mientras jugaban.

Lenguaje e imaginación a través del juego
Cuando tu hijo decide en qué quiere transformar la caja, comienza a llevar una idea desde su imaginación a algo concreto. Para hacerlo, necesita pensar, planificar y buscar la manera de representar lo que tiene en su cabeza.
Al contarte lo que quiere construir, amplía su vocabulario, ordena sus pensamientos y aprende a comunicar lo que necesita. Si participa con otros niños, también debe escuchar, proponer, responder preguntas y llegar a acuerdos.
El juego puede dar paso, además, a la creación de personajes y situaciones. Una casa puede recibir visitas, un barco puede enfrentar una tormenta y un auto puede comenzar un largo viaje.
Sin darse cuenta, el niño va armando pequeñas historias con personajes, acciones y un final.
Estas experiencias favorecen el lenguaje oral y la comprensión de relatos, dos bases muy importantes para acercarse más adelante a la lectura.
Aprender con el cuerpo y las manos
Entrar y salir, mover la caja, ubicar objetos o alcanzar distintos lugares permite trabajar la coordinación y la conciencia corporal.
Al pintar, recortar, pegar y decorar, fortalece sus manos y mejora la precisión de sus movimientos. Este trabajo será necesario más adelante para tomar el lápiz, controlar el trazo y comenzar a escribir.
Durante el juego también aparecen conceptos como dentro, fuera, arriba, abajo, grande, pequeño, cerca y lejos. Son palabras cotidianas, pero resultan fundamentales para comprender instrucciones, orientarse en el espacio y entender mejor lo que escucha.
Resolver pequeños problemas jugando
Construir con una caja también presenta pequeños desafíos. Puede ser necesario decidir dónde hacer una puerta, cómo mantener una parte en su lugar o qué usar cuando algo se rompe.
Frente a estas situaciones, tu hijo prueba, se equivoca, hace cambios y vuelve aintentarlo. Así descubre que un problema puede tener distintas soluciones y que no todo tiene que resultar a la primera.
Poco a poco aprende a tomar decisiones, pedir ayuda cuando la necesita y enfrentar la frustración de una manera más segura.
Pequeñas experiencias, grandes aprendizajes
La imaginación, el lenguaje, la coordinación, la comprensión de instrucciones y la capacidad para buscar soluciones no se desarrollan solamente a través de actividades preparadas o materiales especiales.
También crecen en momentos sencillos como este, cuando un niño tiene la oportunidad de explorar, crear y llevar adelante una idea propia.
Solo necesitas una caja, algunos lápices, papeles, cinta adhesiva y elementos que ya tengas en la casa. Luego puedes observar cómo comienza el juego y acompañarlo cuando necesite tu ayuda.
Por eso, la próxima vez que tengas una caja de cartón en tus manos, recuerda que no solo estás reciclando un material. También puedes estar entregándole a tu hijo un espacio para crear, conversar, probar ideas y desarrollar, poco a poco, habilidades que lo acompañarán en sus futuros aprendizajes.
Porque, a veces, una gran historia no comienza al abrir un libro, sino al abrir una simple caja.
