Todos los años, cuando llega septiembre, como profesora comienzo a conversar con los niños sobre nuestro país y sus tradiciones. Practicamos algunos bailes típicos, conocemos sus vestimentas, realizamos actividades para que prueben comidas tradicionales y, por supuesto, también aparecen aquellos juegos que han acompañado a generaciones de niños chilenos.
Pero esta vez quiero ir un poco más allá.
No sólo quiero que los niños conozcan cuáles son nuestros juegos tradicionales. Quiero que puedan sentirse parte de ellos, descubrir de dónde vienen y entender que muchas de estas formas de jugar también forman parte de nuestra historia.
¿Y qué mejor manera de hacerlo que recurriendo a quienes guardan tantos recuerdos de infancia?
Escuchar las experiencias de abuelos y bisabuelos permite que los niños descubran que hubo una época en que no existían los videojuegos ni la enorme variedad de juguetes que conocemos hoy. Muchas veces bastaban algunos elementos sencillos, la imaginación y un grupo de amigos para comenzar a jugar.
Y entonces aparece una linda oportunidad: conocer esos juegos, crearlos con nuestras propias manos y volver a jugar.
Con algunos materiales que tenemos cerca y un poco de creatividad, podemos traer de vuelta algunos de esos juegos de antaño, construyéndolos junto a los niños para después disfrutarlos entre todos.
Emboque
Por ejemplo, con una botella plástica pequeña, un trozo de lana y una tapa podemos hacer un emboque. Cada niño puede decorarlo como quiera y después viene lo entretenido: intentar una y otra vez hasta lograrlo

Luche
El luche es otro de esos juegos que me encantan porque necesita muy poco. Una tiza, algunos números dibujados en el suelo y una piedra, una tapita o una bolsita para lanzar. Y de pronto tenemos a los niños saltando y equilibrándose.
Runrún
También está el runrún, que podemos hacer con un círculo de cartón firme, dos pequeños agujeros y un trozo de lana. Es increíble cómo algo tan simple puede despertar tanta curiosidad. Hacerlo girar, escuchar el sonido y descubrir cómo mover las manos para que funcione ya se transforma en todo un desafío.
Argollas
Otro juego muy sencillo de preparar es el de las argollas. Con cartón podemos hacerlas y usar un tubo de papel o una botella como blanco. Después sólo queda probar distintas distancias, inventar desafíos y, por supuesto, reírnos cuando la argolla termina en cualquier parte menos donde queríamos.

Lo que más me gusta de estos juegos es que, mientras los niños se entretienen, también están moviéndose, coordinando sus manos, calculando distancias, equilibrándose y buscando distintas maneras de resolver pequeños desafíos.
Pero para mí hay algo todavía más bonito.
Estos juegos nos permiten acercar a los niños a nuestra historia de una manera muy sencilla. No sólo les contamos cómo se jugaba antes. Les damos la oportunidad de experimentarlo y hacerlo parte de sus propios recuerdos.
Y después de conocer, construir y jugar, podemos invertir los roles. Esta vez serán los niños quienes lleven estos juegos a sus casas y les enseñen a sus familias cómo jugar.
Una tradición comienza
Así, una tradición que comenzó con los recuerdos de los abuelos vuelve a reunirse alrededor del juego y puede seguir pasando de una generación a otra.
Quizás ahí está lo más lindo de esta propuesta para septiembre: entender que nuestras tradiciones no están solamente en los bailes, las comidas o las historias que contamos sobre Chile. También están en esos pequeños recuerdos que se comparten y vuelven a cobrar vida cada vez que alguien los juega.
Y qué mejor que mantenerlos vivos jugando con nuestros niños.

