Como profesora, recuerdo muy bien esta época del año. A estas alturas ya comenzábamos a conversar con algunas familias porque veíamos que a ciertos niños les estaba costando más avanzar en la lectura. Algunos se frustraban, evitaban leer o escribir y poco a poco empezaban a sentirse inseguros frente a este aprendizaje.
Entonces venían las reuniones, las evaluaciones, los apoyos y, cuando era necesario, la ayuda de otros profesionales.
Y con los años empecé a hacerme una pregunta…
¿Y si empezáramos a fomentar la lectura en niños mucho antes de que llegue el momento de aprender a leer?
Preparativos
Cuando esperamos un hijo nos preocupamos de las vitaminas prenatales, los controles, su crecimiento y su desarrollo. Cuando nace seguimos atentos a su alimentación, su peso, sus vacunas, su sueño y a cada uno de sus avances. Pero pocas veces pensamos en las historias y en los libros desde muy temprano.
No estoy hablando de enseñarle letras a un bebé ni de adelantar aprendizajes escolares. Estoy hablando de algo mucho más simple: hablarle, cantarle, jugar con rimas, contarle cuentos, mostrarle imágenes y dejar que explore los libros con libertad.

Primeros acercamientos
Al principio quizás solo toca el libro, lo abre y lo cierra, mira una página y después se va a jugar. Más adelante empieza a reconocer imágenes, se acuerda de lo que viene, completa una palabra o pide el mismo cuento una y otra vez.
Y sin que nos demos mucha cuenta, va entendiendo algo muy importante: dentro de los libros pasan cosas que le interesan. Hay personajes, animales, situaciones, emociones, preguntas y lugares que puede imaginar aunque nunca los haya visto.
Los primeros años
Durante los primeros años somos nosotros quienes le acercamos todo eso. Leemos, hacemos voces, comentamos las imágenes y repetimos el cuento tantas veces como nos lo pida.
Hasta que en algún momento aparece una pregunta que para mí es clave…
“¿Qué dice ahí?”
Y ahí pasa algo interesante.
Ese niño ya sabe que detrás de esas palabras puede haber algo que quiere conocer. Entonces aprender a leer empieza a tener sentido para él. Ya no se trata solo de reconocer letras o juntar sonidos, sino de poder descubrir por sí mismo qué pasa después, entender una historia o encontrar una respuesta.

Lo que realmente significa
Por eso creo que acercar los libros desde pequeños no significa adelantar la lectura. Significa ayudar a que los niños desarrollen interés, curiosidad y ganas de seguir descubriendo.
Y para eso sólo necesitas hacer pequeñas cosas en casa: tener algunos libros a su alcance, leer juntos, conversar sobre las ilustraciones, inventar historias, cantar, jugar con palabras y volver una y otra vez a sus cuentos favoritos.
Y la pregunta “¿está aprendiendo a leer?”, podríamos transformarla: “¿Ayudamos a nuestros hijos a querer leer?”