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El inicio de la escritura

Cuando era niña me costaba escribir.

Recuerdo que utilizaba mucho mi mano izquierda y, como era habitual en esa época, me enseñaron a escribir con la derecha. Para lograrlo, me pedían poner la mano izquierda detrás de la espalda mientras hacía mis ejercicios de caligrafía.

Pasé horas completando cuadernos de letras y repitiendo trazos una y otra vez. Sin embargo, escribir seguía siendo difícil. Me cansaba, me demoraba más que otras compañeras y muchas veces dejaba la tarea inconclusa.

Con los años, estudiando educación y psicopedagogía, comprendí algo que nadie nos explicaba entonces: la escritura no depende solamente de aprender letras o practicar trazos. Detrás de ella existen muchas habilidades que comienzan a desarrollarse desde los primeros años de vida.

Y esa comprensión cambió completamente mi forma de mirar la educación inicial.

El agarre del lápiz

Muchas veces pensamos que basta con corregir la posición de los dedos o insistir en que un niño tome bien el lápiz. Sin embargo, un buen agarre es el resultado visible de un largo proceso de desarrollo.

Para escribir, un niño necesita haber desarrollado distintas habilidades corporales y cognitivas.

1. Estabilidad postural:

Es la capacidad de mantenerse sentado y estable mientras realiza una actividad. Si el cuerpo está constantemente buscando equilibrio, será más difícil que las manos trabajen con precisión.

2. Conciencia corporal:

Permite reconocer cómo se mueve el propio cuerpo y cuánta fuerza utilizar en cada acción.

3. Coordinación ojo-mano:

Ayuda a que los ojos guíen los movimientos de las manos, algo fundamental para dibujar, colorear y escribir.

4. Integración de ambos lados del cuerpo:

Permite que una mano sostenga el papel mientras la otra escribe, o que ambas trabajen coordinadamente en una misma tarea.

5. Fuerza y movilidad de los dedos:

Los músculos de las manos necesitan fortalecerse para sostener el lápiz sin cansarse. Actividades como amasar plasticina, jugar con pinzas o construir con bloques ayudan mucho en este proceso.

6. Planificación motora:

Es la capacidad de organizar los movimientos necesarios para realizar una acción, como dibujar una figura o formar una letra.

7. Atención y funciones ejecutivas:

Ayudan a concentrarse, seguir instrucciones y mantener el esfuerzo mientras se realiza una tarea.

8. Procesamiento sensorial adecuado:

Permite que el cerebro interprete correctamente la información que recibe de los sentidos, regulando aspectos como la presión que ejercemos sobre el lápiz o la postura que adoptamos al escribir.

¿Cuándo comienza a aprender un niño a escribir?

La escritura comienza mucho antes de que un niño se siente frente a una hoja de papel. Comienza cuando un bebé gatea para explorar el mundo, cuando un niño trepa en una plaza, empuja un carro, juega con arena o construye una torre de bloques. Está presente cuando ensarta cuentas, amasa plasticina, se cuelga de una estructura de juegos o experimenta con distintas texturas y materiales.

Cada una de estas experiencias fortalece músculos, desarrolla la coordinación, organiza el sistema nervioso y ayuda al cerebro a comprender cómo se mueve el cuerpo en el espacio. Lo que para un adulto parece simplemente jugar, para un niño es un trabajo fundamental de desarrollo.

Por eso la motricidad fina no aparece de la nada. Antes de controlar un lápiz con precisión, el niño necesita haber desarrollado una base sólida de movimiento, exploración y experiencias corporales.

La importancia de las salas cuna y jardines infantiles

Comprender cómo se desarrolla la escritura también nos ayuda a valorar el enorme trabajo que realizan las salas cuna y jardines infantiles. Muchas de las habilidades que un niño necesitará más adelante para leer, escribir, aprender y desenvolverse con autonomía comienzan a construirse precisamente allí, a través del juego, el movimiento y la exploración.

A veces pensamos que estos espacios son simplemente lugares donde los niños permanecen mientras sus familias trabajan. Sin embargo, cumplen una función mucho más profunda.

Los primeros años de vida son una etapa extraordinaria para el desarrollo cerebral. Cada experiencia de movimiento, juego, interacción con otros niños, canciones, rondas o exploración de materiales ayuda a construir conexiones que servirán de base para futuros aprendizajes.

Cuando un niño juega, corre, construye, canta, explora y descubre, está desarrollando habilidades que más adelante facilitarán la lectura, la escritura, la atención, la autorregulación y la resolución de problemas.

Por eso fortalecer la educación inicial no sólo beneficia a las familias. También significa ofrecer a los niños oportunidades de desarrollo en una etapa que será determinante para toda su vida.

Niños riendo

La escritura como una forma de expresar nuestro mundo interior

Cuando hablamos de escritura solemos pensar en letras, palabras y ortografía. Sin embargo, escribir es mucho más que eso.

La escritura nos permite expresar emociones, ordenar pensamientos, compartir experiencias y comunicar aquello que llevamos dentro. Es una herramienta que abre puertas al aprendizaje, a la creatividad y a la comunicación.

Quizás detrás de ese niño que hoy juega con plasticina, dibuja garabatos o intenta escribir su nombre por primera vez, se encuentre un futuro lector apasionado, un profesor, un periodista o un escritor.

Por eso es tan importante respetar los tiempos de desarrollo y comprender que la escritura no se impone. Se construye paso a paso, sobre una base de experiencias significativas.

El valor del juego

Los niños juegan. Y qué bueno que así sea.

Porque el juego es la forma en que conocen el mundo, desarrollan habilidades y construyen los aprendizajes que necesitarán más adelante.

A veces los adultos sólo vemos juego. Ellos, en cambio, están haciendo el trabajo más importante de la infancia: crecer y aprender.

Mónica Tagle

Mónica Tagle es psicopedagoga, educadora y autora de literatura infantil con más de 25 años de trayectoria en educación temprana y procesos de aprendizaje. Como fundadora de Play Fun Learn Studios, se especializa en la creación de recursos educativos enfocados en la inclusión, la neurodiversidad y el bilingüismo. Su enfoque pedagógico combina su experiencia clínica y docente con una visión humana y empática, promoviendo el desarrollo emocional y el aprendizaje a través del juego en la infancia.

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