La entrevista
Cuando recibí el mensaje invitándome a una entrevista por el trabajo realizado, lo primero que sentí fue nerviosismo. Fue sorpresa, de esa que te descoloca un poco. Porque muchas veces una sigue avanzando, creando y acompañando, sin detenerse a mirar todo lo que ya ha recorrido.
En ese momento apareció una inquietud más profunda: preguntarme qué importancia tiene lo que hago para los demás. Fue una invitación a detenerme, a hacer una pausa y a mirar con más atención este camino que he ido construyendo paso a paso, muchas veces sin darme cuenta.
¿Por qué yo?
Prepararme para esa entrevista me llevó inevitablemente a mirar hacia atrás. No solo como autora o educadora, sino como mamá, como mujer y como parte de una familia.
Ahí entendí algo muy importante: este proyecto no comenzó con un libro.
Comenzó mucho antes.
Comenzó en casa.
En las conversaciones largas con mi marido, en las decisiones difíciles y en los desafíos cotidianos de criar hijos que no siempre encajan en lo que el mundo espera como “lo habitual”. En ese espacio íntimo se fue gestando todo, incluso antes de que yo fuera plenamente consciente de ello.

No hay molde ni manual
Vivir con niños que necesitan más apoyo para comprender lo que los rodea cambia por completo la forma en que una enfrenta el día a día como mamá. Son niños que dan el cien por ciento para conectar, para entender, para participar. Y frente a eso, muchas veces siento que no puedo dar solo el cien.
A veces es el ciento veinte.
Otras veces, el ciento cincuenta… y un poco más.
Este camino exige presencia constante, paciencia y una entrega profunda. Hay cansancio, dudas y momentos de mucha exigencia emocional. Pero también hay aprendizajes que no cambiaría por nada. Aprendes a soltar la idea de normalidad y a comprender que no existe una sola forma correcta de aprender, sentir o crecer.
Caminar en equipo
Nada de esto se recorre en solitario. A lo largo de este camino, la comunicación en pareja ha sido clave para sostenernos, escucharnos y avanzar juntos.
No siempre tenemos todas las respuestas.
Pero sí compartimos algo esencial: la decisión de avanzar en la misma dirección.
Hay días complejos, de cansancio y de incertidumbre. Pero también existen otros que lo equilibran todo: los avances, las pequeñas conquistas, esos logros que para otros pueden pasar desapercibidos, pero que para nosotros tienen un valor enorme.

Mis hijos
Mis hijos han sido mis grandes maestros. Ellos me han enseñado que la vida no es uniforme ni predecible, que existen distintos ritmos, sensibilidades y formas de estar presentes en el mundo.
Gracias a ellos entendí que la diversidad no es un obstáculo, sino una oportunidad para ampliar la mirada y crecer como personas y como sociedad.
Con el tiempo sentí la necesidad de compartir esta experiencia. Así comenzaron a nacer mis historias. No como respuestas cerradas, sino como puentes: libros que invitan a conversar, a reconocer emociones y a validar trayectorias distintas.
Cada vez que una familia me dice “me sentí reflejada”, confirmo que abrir esta historia tiene sentido. Porque escribir no es solo contar lo propio, también es abrir espacio para que otros se reconozcan y se sientan acompañados.
Seguir creando
Si mis experiencias vividas pueden ayudar a otras familias, si pueden servir como acompañamiento o como una forma de comprender mejor los procesos que están viviendo, entonces voy a seguir creando.
Seguir escribiendo, compartiendo y abriendo espacios de conversación. Porque la lectura no solo educa: conecta, abraza y transforma.