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Lectura infantil en vacaciones: cómo crear momentos que tus hijos recordarán

niña y moni banner sostiene libro today is a good day

En vacaciones, los libros se leen distinto

En vacaciones las reglas se aflojan. Los horarios se corren, las rutinas cambian y el día parece tener más tiempo para disfrutar. Y aunque durante el año buscamos orden y estructura, en estos días distintos aparece algo muy valioso: tiempo real para estar con nuestros hijos, sin apuro y sin exigencias.

En mi casa, las vacaciones siempre han tenido algo en común: los libros están más presentes. Aparecen en el living, en las camas, en el suelo, en la mochila para salir. No como una tarea ni como una obligación, sino como parte natural del día. Con el tiempo he entendido que ahí, en esa presencia cotidiana y relajada de la lectura, ocurre gran parte del crecimiento de nuestros hijos.

Recuerdo cómo un mismo libro fue leído, hojeado y vuelto a leer una y otra vez. La misma historia, las mismas páginas, las mismas ilustraciones. Y aunque como adultos sepamos el final de memoria, para los niños cada lectura es distinta. En esa repetición hay seguridad, disfrute y algo profundamente tranquilizador: saber qué viene después. Volver a una historia conocida también es una forma de aprender y de sentirse contenido.

Niña Leyendo actividad de verano fiesta en la selva
Niño leyendo sobre su cama libro playfunlearn

También recuerdo libros con páginas rotas, esquinas dobladas y cintas sosteniendo el lomo. Más de una vez nos sentamos juntos a arreglar un libro querido, cuidándolo con atención y cariño. En esos gestos simples, los niños aprenden a valorar lo que aman, a respetar los objetos que guardan historias y a construir un vínculo afectivo con la lectura.

Durante las vacaciones aparece, además, ese pequeño ritual que tanto disfrutamos: ir juntos a la librería. Mirar portadas, hojear sin apuro, leer las primeras páginas, buscar con calma. Elegir qué leer también es aprender a escucharse y a sentir que la propia opinión importa.

Y están esos otros momentos, más silenciosos aún. Sentarnos bajo un árbol, en la playa o en el patio, con un libro entre las manos. Leer una página, detenerse, mirar alrededor y volver al cuento. Son instantes simples, casi imperceptibles, pero que quedan guardados en la memoria emocional de la infancia.

Niño leyendo sobre su cama libro playfunlearn

Cuando leemos con nuestros hijos no solo estimulamos el lenguaje, la imaginación o la comprensión. A través de las historias, los niños aprenden a nombrar lo que sienten, a comprender el mundo y a ponerse en el lugar de otros. Pero, sobre todo, sienten que hay un adulto disponible, presente, compartiendo ese momento solo con ellos.

Leer juntos es un acto íntimo. Es cercanía. Es silencio compartido. En vacaciones, la lectura infantil deja de ser una tarea y se transforma en un refugio emocional, donde no importa cuánto se lee, sino cómo se vive ese tiempo en familia.

Hoy, que mis hijos ya están más grandes, miro hacia atrás y entiendo con claridad cuánto significaron esos momentos. Verlos cada uno con su libro, compartir historias sin apuro y acompañarlos desde la calma fue sembrando recuerdos que siguen vivos en mí. Son esos recuerdos los que hoy me impulsan a imaginar y a crear.

Muchas de las historias que llegan a Play Fun Learn Studios nacen justamente de ahí: de la memoria, del vínculo y de esos instantes simples pero profundos entre padres e hijos. Porque al final, los libros no solo cuentan historias. Guardan momentos que acompañan para siempre.

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